Hay días que marcan en nuestras vidas.
Dicen que no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde. Pero
no es necesario perderlo para darse cuenta, sino que puede ocurrir algo relevante
en nuestras vidas y es como si se te abrieran los ojos. El problema viene
cuando solo cambias el día en que te das cuenta y vuelves a proceder de la
manera errónea posteriormente. Por eso, cuando el suceso imprevisto nos acaece,
debemos aprovechar esa oportunidad para proceder correctamente a raíz de ahí. Darse
cuenta y mejorar, siempre tenemos que mejorar, pero a veces tienen que ocurrir
cosas para darnos cuenta de nuestros fallos.
A lo largo de nuestra vida se suelen formar como vendas en
nuestros ojos, y no vemos más que lo que queremos ver y que sea. Y es como si
estuvieras tranquilamente viviendo la vida sin darte cuenta de cosas que tienes que cambiar. Pero de repente, un suceso inesperado nos hace ver las cosas de
distinta forma. Como si repente viéramos nuestras vidas en la tierra, desde el
cielo. Nos damos cuenta de que fallan cosas, de la importancia que tiene tal
cosa a la que se la restábamos. Lo importante es luchar en esos momentos de “despertar”,
cuando te das cuenta, luchar para cambiar si procede y mejorar, siempre
mejorar. Levantar y seguir. Progresar, avanzar…
El cambio a mejor siempre es beneficioso en todos los
sentidos. Uno se siente mejor, los demás se sienten mejor, y si ocurre de
repente otro suceso imprevisto, estás mas preparada para sobrellevarlo, ya que
no te sientes mal por tu actuar de antaño. Si no que sientes que todo va a
salir bien, que no hay nada por lo que deba salir mal debido a tu mal proceder
en algo.
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